
Estoy acostada en el pasto, mirando el cielo, las nubes. Cierro los ojos y, de repente, me empiezo a elevar ; cuando me doy cuenta, ya veo el pasto y paisaje que veía, en miniatura, a la distancia. De repente, veo un bosque ; un bosque con muchos árboles distintos, distintos colores del tronco, las hojas de distintos colores, con muchas flores, con frutos. Veo uno especial, uno que me gusta más que los demás, me centro en ese y me acerco, lo toco, siento la textura. En realidad YO soy ese árbol.
Siendo el árbol, me doy cuenta de que al lado hay otro que me molesta, una de sus ramas toca una de las mías y no me deja estirarme ; pienso con TANTA fuerza que quiero que ya no esté, que desaparece. Después siento que mis raíces tocan otras raíces, de otro árbol ; también me molesta, porque no me deja estirarme, ni estar cómoda ; deseo que se vaya, por la fuerza de mi deseo desaparece, está en otro lado. Queriendo ver el sol, me doy cuenta de que no puedo porque hay un árbol más alto que yo, que me tapa, también quiero con todas mis fuerzas que se vaya ; desaparece. De esta manera, empiezo a “eliminar” todos los árboles que me rodean.
Cuando me doy cuenta, estoy en una montaña, sola. De repente, empieza a caer agua ; rápidamente esa lluvia se convierte en una tormenta. Esa tormenta empieza a herir mis ramas. A lo lejos veo un bosque: el bosque en el cual me encontraba, ahora, éste está en otra parte. Ellos, esos que yo había querido que desaparecieran, o bien, que estén en otra parte, estaban en perfecto estado, ya que se contemplaban y cuidaban unos con otros. En ese momento, deseaba con todo mi ser, estar allí, junto con ellos ; y no sola, destruida. Uno de mis frutos, también por la lluvia, rodó hacia el bosque, allí se plantó y, poco a poco, fui creciendo nuevamente, junto a aquellos con quienes me encontraba inicialmente.
Esta es la historia de árboles ; la historia que cuenta que aquellos a quienes yo desprecié, resultan muy buenos compañeros ; por más diferencias que tengamos, o molestias que generen, debemos aceptarlos, ya que también tienen millones de cosas hermosas en ellos.







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